Apuntes de historia del arte

Maestro de la ciudad de las damas y colaboradores

Seguimos con Boccaccio y el Decamerón. Hoy retrocederemos unos cuantos siglos. La imagen que nos convoca es una miniatura, esto es, una ilustración en un libro, producida por un artista de nombre desconocido; identificado, en referencia a otro libro miniado, como el "Maestro de la ciudad de las damas". Esta obra, con tantos siglos de diferencia, debe ser necesariamente, muy diferente a las que analizamos en las publicaciones anteriores.  Sin embargo, hay algo, además del tema, que las une. Pero empecemos conociendo la historia. 



Maestro de la ciudad de las damas y colaboradores – por encargo de Juan sin Miedo 
Temple sobre pergamino
Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma, Italia


Es el quinto día de cuarentena; el noveno relato da cuenta del amor de Fadrique por la dama Mona Jovaneta. Con el fin de conquistar su amor, él gasta sin límites su fortuna agasajándola, empobreciéndose; pero ella, casada y con un hijo, no le da ninguna respuesta. Fadrique lo pierde todo, salvo una pequeña casa retirada de la ciudad, y su halcón: el mejor halcón del mundo.

El marido de Mona Jovaneta enferma y muere; ella y su hijo se retiran al campo (situado, casualmente, vecino a la casa de Fadrique). El niño hace amistad con Fadrique, pero enferma también; le dice a su madre que cree que sanará si ella consigue el halcón para él. Ella duda de pedírselo a Fadrique, porque sabe que es la única cosa de valor que él conserva, después de perderlo todo por conquistarla.

Mona Jovaneta se decide y se presenta en la casa de Fadrique para almorzar con él. Él, que no tiene gran cosa, la deja por un momento, para pensar qué servir a la dama; algo que sea digno de ella. Algo como... el mejor halcón del mundo. Sin pensárselo dos veces, Fadrique lo mata y hace asar. Lo comparten en la mesa, e imaginemos por un momento su impresión cuando ella le pide, por el bien de su hijo enfermo, ese mismo halcón. Lo único que ella le requiere, y ya no es suyo para dárselo.

Él le muestra los restos de las patas, plumas y pico del halcón, y ella regresa desolada a su casa. El niño muere; los hermanos de Mona Jovaneta (que tal vez nos recuerden a los hermanos de Isabella en el cuadro de Millais) la urgen a que vuelva a casarse prontamente. Ella preferiría abstenerse, pero ya que no se puede, declara que sólo se casaría con el empobrecido, pero nobilísimo, Fadrique. Los hermanos acceden, y Mona Jovaneta y Fadrique se casan felizmente.



La imagen tiene carácter narrativo: podríamos asemejarla a una viñeta de comic. La leeremos de izquierda a derecha: el artista muestra a una pareja de mujeres; la del tocado rojo es Mona Jovaneta, quien se encuentra en el jardín con la esposa de un labriego, esperando, mientras Fadrique busca qué servirle de almuerzo. Inmediatamente a continuación, aparece él, señalando el halcón y dándoselo a una mujer para que lo cocine. Y adentro del edificio (y rompiendo la cuarta pared), Jovaneta y Fadrique vuelven a aparecer; han comido, y él le muestra las patas del halcón.

Cuando hablamos de Isabella, de Millais, expusimos que el Prerrafaelismo gustaba de obras previas a las de la generación de Rafael Sanzio. Es decir, prefería obras como la miniatura de hoy. No sólo comparten el tema; también comparten el ser obras fuertemente narrativas; en una sola imagen condensan muchos actos. La estética, en cambio, las diferencia.

La obra de hoy tiene mucho de medieval; es informativa por encima de cualquier otra cosa. Tanto, que aparecen los personajes principales dos veces. El artista desea tanto ser explícito, que privilegia la información por encima del aspecto de las cosas; por eso hace una ventana tan grande en la casa: para que sin duda podamos ver qué ocurre adentro, no porque las ventanas fueran tan grandes. O también, pinta dos veces a los mismos personajes: para que entendamos la secuencia de acciones.


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