Apuntes de historia del arte

El trono del faraón

La imagen que analizaremos hoy es la de un dios de vital importancia en el antiguo Egipto. Durante su larga historia, de 3000 años entre su unificación como país (aproximadamente entre 3050  y 2890 a. C.) y la pérdida de su independencia (en el año 30 a. C.),  Egipto se había formado a partir de dualidades: “oposiciones” como día y noche, tierra y arena, orden y caos, y desde luego, vida y muerte. Había un dios para cada uno de estos conceptos, como también lo había para aquel elemento que unía al país: el río Nilo.


Egipto había sido unificado durante lo que se conoce como la Dinastía I, cuando el rey Narmer, procedente del Alto Egipto, había conquistado el Bajo Egipto. Cada una de estas regiones tenía una diosa protectora ­
Nejbet, la diosa buitre, y Uadyet, la diosa cobra, respectivamente, una corona particular, fusionadas en la Doble Corona a partir de la unificación, y una planta: el papiro para el norte, y la flor de loto para el sur.



Hapi era el dios del Nilo. Todos los años el río se desbordaba, y al retirarse, dejaba una capa de limo, un fértil receptáculo para las cosechas; gracias a él, en Egipto y en la Mesopotamia se habían desarrollado adelantos tecnológicos sustantivos, que habían permitido el desarrollo de los primeros asentamientos sedentarios. El dios, representado en la gran mayoría de las veces en forma duplicada, aparece atando con fuerza tallos de papiro y de loto, que también crecen de su cabeza, simbolizando la unión de las dos regiones a través del cauce de sus aguas. El nudo de las plantas se encuentra sobre una tráquea y pulmones, probablemente símbolos de interdependencia para la vida. Podremos reconocer al dios, además −de entre cientos de dioses egipcios−, por algunos atributos destacables: en esta cultura los hombres son representados con cuerpos idealizados y atléticos, Hapi tiene un amplio vientre y senos colgantes. Probablemente sean signo de la fertilidad y abundancia que provee.

Pero los ricos juegos simbólicos no terminan aquí. ¿Dónde es que encontramos las representaciones de Hapi? En el trono del faraón. Cuando observamos las representaciones sedentes del monarca de turno, veremos que los siglos pasan pero la simbología subsiste. La imagen de la derecha muestra a Khafra –Kefrén para los griegos–, gobernante de la Dinastía IV (c. 2630 a. C. – 2500 a. C.)  y dueño de la segunda pirámide más grande del complejo de Giza; aparece esculpido en diorita y entronizado sobre una versión simplificada de la unión, donde no aparece Hapi, pero sí el loto y el papiro. La imagen de la izquierda, esculpida en la roca viva en el templo funerario de Abu Simbel, de Ramsés II durante la Dinastía XIX (c. 1295 a 1186 a.C.), muestra la imagen con la inclusión duplicada del dios. Entre el nacimiento de uno y otro transcurrieron más de 1300 años, pero la idea permanece: la estabilidad del faraón es la unión de su país. 

  




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