Apuntes de historia del arte

Isabella

John Everett Millais


Dados los actuales tiempos de cuarentena, qué mejor manera de relacionarse a través del arte que siguiendo el Decamerón de Boccaccio, a través de diferentes propuestas artísticas.

Un grupo de jóvenes, durante el famoso brote de peste negra de 1348, se retira de Florencia y se aísla en el campo e intercambia historias para sobrevivir al tedio. El número final de 100 historias da título al libro. En la cuarta jornada se narra la historia de Lisabeta o Isabella, hermana de tres mercaderes de Mesina, que se enamora de Lorenzo, quien trabaja para ellos. Lorenzo corresponde su amor, pero los hermanos se oponen.

En 1818, el poeta John Keats, basado en esta historia, escribió un poema que, a su vez, fue la fuente de inspiración para la pintura que veremos hoy: Isabella (1848-49) de John Everett Millais.



Isabella – John Everett Millais
1848-49
Óleo sobre tela - 103 cm x 142,8 cm
Walker Art Gallery, Liverpool, Reino Unido

Millais, que tenía 19 años al pintar este cuadro, era un niño prodigio; el miembro más joven de la Real Academia, a la que ingresó cuando apenas tenía 11 años. Cuando pintó este cuadro formaba parte de un grupo fundado ese mismo año, la "Hermandad Prerrafaelita", que buscaba romper con las tradiciones artísticas del academicismo, que consideraba nacidas en la generación de Raffaello Sanzio, de allí el nombre del grupo. Compartiendo la firma y con una visión correspondiente al Romanticismo, el grupo pretendía dejar de lado la identidad singular de cada uno, e imitar el trabajo en común, propio de la Edad Media. Las iniciales del grupo aparecen como firma, a los pies del asiento de Isabella.

La obra, a diferencia de las obras producidas por los demás miembros del grupo, fue bien recibida por la crítica. Nos muestra a los miembros de la familia en torno a la mesa; la pareja de enamorados está a la derecha; los hermanos, a la izquierda.



Es interesante notar, por un lado, la cercanía e intimidad de Isabella y Lorenzo; cómo él la mira y no la mira a la vez; cómo ella baja los ojos, tal vez intimidada (y con razón, como ya veremos más adelante) por sus hermanos, del otro lado de la mesa. Por encima de ellos, a través de pasionarias y rosas blancas, Millais nos da cuenta de la naturaleza de su amor.


 

Por otra parte, a la izquierda se acumulan las señales que delatan que el conflicto no se resolverá fácilmente. El hermano más próximo a nosotros ejerce la acción más evidente de todo el cuadro: patea al perro de su hermana (¿será un álter ego de Lorenzo, imagen tradicional de la fidelidad, además?) y pronto aplastará con su silla, con patas de animal de rapiña, al perro que duerme a sus pies. Ha volcado la sal y rompe nueces, mientras una forma fálica se proyecta sobre la mesa.


A su lado, más atrás, uno de sus hermanos finge ver el contenido de su copa, pero vigila a los amantes; sobre el respaldo de su silla un ave de presa picotea una pluma. El tercer hermano sonríe; la suerte está echada.


Los más cercanos al círculo íntimo de la familia saben que se aproxima una tormenta; los que no pertenecen a ese núcleo, están menos tensos.

¿Qué desenlace tendrá esta historia? Lo sabremos en la próxima obra que analicemos…


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