Apuntes de historia del arte

La Noche y el Sueño

Según el origen mítico griego, Nox –la Noche–, en unas ocasiones con su marido Érebo –la Oscuridad– y en otras sin asistencia masculina, concibió numerosos hijos. La obra que hoy nos ocupa la muestra con uno de ellos: el Sueño. 


Evelyn De Morgan, La Noche y el Sueño, 1878. Wightwick Manor, Wolverhampton, England.

Esta obra fue producida por una artista de nombre Evelyn De Morgan, quien participó del círculo artístico de los Prerrafaelitas, que para esa época estaba en proceso de transformación. Algunos miembros, como John Everett Millais  se habían distanciado y desarrollado carreras en forma independiente; otros miembros se habían sumado y el programa original había mutado, inclinándose a la producción de objetos y ya no exclusivamente a pinturas. Pero seguiremos encontrando en las obras vinculadas al grupo el interés por la temática idealista y la inspiración en la última Edad Media y el primer Renacimiento.
La formación de esta artista fue singular, considerando la escaza educación que aún se impartía a las mujeres en el siglo XIX. Con todo, Evelyn De Morgan provenía de una familia de artistas cultivada culturalmente (su tío era el pintor John Roddam Spencer Stanhope) y fue instruida, a la par de su hermano, en literatura clásica, entre otros temas, además de ser políglota. Luego se formó en varios institutos académicos, para dedicarse no solamente al desarrollo artístico, sino también político, abogando por los derechos de la mujer y adscribiendo a la Declaración en favor del sufragio femenino en 1889.
Evelyn De Morgan visitó en varias oportunidades a su tío, que residía en Florencia, lo que le permitió familiarizarse de cerca con obras del período inspirador para el Prerrafaelismo: el Trecento y el Quattrocento. Es una constante en su trabajo que sus personajes tengan un aire introvertido y melancólico, semejante al de las figuras de Sandro Botticelli, además de compartir la temática.


Detalle de Venus y Marte, de Sandro Botticelli, 1483.
Detalle de La Noche y el Sueño, de Evelyn De Morgan, 1878.

 

Dos figuras flotan por encima de un paisaje lejano. La de atrás, de negra cabellera, es Nox –la Noche–, que con oscuro manto envuelve la silueta del joven de adelante. Éste es Hypnos –el sueño– que conducido por su madre, y con gesto pasivo, deja, a su paso, caer amapolas. Es interesante notar que la manera de representar el manto de la Noche es prácticamente paralelo al plano de la obra, muy semejante al tratamiento de Hypnos, es decir, también a la manera de las pinturas del Quattrocento, cuando aún los escorzos (acortamientos en las partes que componen una figura tridimensional en la “traducción” de la misma a las dos dimensiones de un cuadro o pintura) no eran especialmente explotados por los artistas.

¿Por qué amapolas? El opio, proveniente de estas flores, se usaba y usa por sus propiedades analgésicas; la calma que proveía para el tratamiento del dolor causaba también sueño, un efecto narcotizante y en exceso, la muerte.  


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