Algunas páginas en las Colecciones Especiales

Juana Manso en el Epistolario Gutiérrez

Llegará un día en que el código de los pueblos garantizará a la mujer los derechos de su libertad y de su inteligencia. La humanidad no puede ser retrógrada. Sus tendencias son el progreso y la perfectibilidad; por eso la mujer ocupará el lugar que le compete en la gran familia social. Su inteligencia, cultivada, mejorará las facultades morales y la hará ejercer la inevitable influencia que le da la naturaleza en los grandes destinos de la humanidad; sí; porque la misión de la mujer es seria y grandiosa. El hombre, empero, hace la guerra a la naturaleza. Es así, como obstinado, niega a la mujer sus derechos y su inteligencia, y no puede conformarse a su papel de tirano.

Juana Manso


La sala de Colecciones Especiales presenta una de las cartas escritas por Juana Manso que pertenecen al Epistolario Gutiérrez adquirido por la Biblioteca del Congreso en 1908. 

Publicada en el tomo VIII del Archivo del doctor Juan María Gutiérrez (CR 982) no fue elegida azarosamente. Destinada a Gutiérrez, refiere un hecho histórico presente en la memoria colectiva de los argentinos, en debates jurídicos, políticos, eclesiásticos y, por su carácter romántico, en diversas expresiones artísticas: la tragedia de Camila O’Gorman, la joven que fuera víctima de una “tenebrosa historia”, según palabras de Juana Manso, y que junto a su amante, el cura tucumano Uladislao –también Ladislao– Gutiérrez, padeciera el castigo ‘ejemplificador’ del fusilamiento. 

Juana Paula Manso, nacida en Buenos Aires el 26 de junio de 1819, fue una de las personalidades más relevantes de la historia de la cultura y de la educación argentina y latinoamericana. A los 20 años tuvo su primera experiencia como educadora fundando en Montevideo —donde su familia debió exiliarse por razones políticas— el Ateneo de Señoritas. Desarrolló en él un plan de estudios ambicioso, teniendo en cuenta el retaceo de conocimientos que la época destinaba a las mujeres.

De regreso a Buenos Aires en 1854, luego de peripecias personales y familiares que demandaron traslados a otros países, fundó el semanario Álbum de Señoritas. Periódico de literatura, modas, bellas artes y teatros. No obstante el subtítulo, esta publicación se abría, además, a artículos sobre educación, emancipación de la mujer, filosofía, relatos de viajes, novedades científicas y críticas a la posición dominante de la Iglesia. 

Con Eduarda Mansilla y otras colaboradoras, publicó La Flor del Aire. Periódico Literario Ilustrado en el que tuvo a cargo la sección “Mujeres ilustres de la América del Sur”. A este semanario le seguirá Siempre viva

La recepción del público lector fue tan limitada como la duración de las revistas. 

Aun los intelectuales de la época no apoyaron la participación de “las mujeres ilustradas en la esfera pública” y denostaron su condición de publicistas. Sin embargo, Juana Manso se impuso como precursora del periodismo ejercido por mujeres en el país. 

Más allá de su destreza como traductora, disertante, escritora, etc., su afán revolucionario respecto a la educación popular, laica e inclusiva y a los derechos de la mujer equivalentes a los del hombre fue causa de hostilidades que la obligaron a varias mudanzas.

Reflexionaba Juana Manso:

Una triste experiencia tenemos, de cuanto es importante, derramar la Ilustración de las masas, si hubiera sido ese primer paso después de mayo de 1810… tal vez ni tanta sangre habría empapado estas tierras, ni tantas lágrimas habrían corrido. (Juana Manso, Álbum de Señoritas, N.° 2. 8 de enero de 1854)

José Mármol, el autor de Amalia, primera novela argentina, consideró que Juana Manso y Sarmiento debían conocerse, dado que los intereses expresados por ambos coincidían en cuanto a la construcción de una nueva cultura fundada en la educación generalizada e integradora. Los presentó en 1859 y en el primer encuentro Manso cuestionó a Sarmiento sus opiniones tan adversas a la historia de amor de Camila O’Gorman publicadas en El Mercurio de Chile: 

Ha llegado al extremo la horrible corrupción de costumbres bajo la tiranía espantosa del Calígula del Plata que los impíos y sacrílegos sacerdotes de Buenos Aires huyen con las niñas de la mejor sociedad, sin que el sátrapa infame adopte medida alguna contra esas mostruosas inmoralidades. 

Consideró oportunista la actitud de Sarmiento que, ultrajando la dignidad de la mujer, se había valido de esa historia para oponerse a Rosas. 

Fuera del altercado inicial, creció en ellos una profunda amistad de admiración mutua, fluido intercambio de ideas y proyectos, que duraron toda la vida. 

Pasados los fusilamientos O’Gorman-Gutiérrez, Sarmiento rectificó su opinión con respecto a las víctimas:

bárbaro tirano que hizo fusilar a la bella Camila O’Gorman, de una distinguida familia, estando ella encinta, por el delito de amar a un hombre, agregando al horrendo crimen la iniquidad, el sacrilegio de ordenar que se bautizara el feto dándole a beber algunos tragos de agua bendita, antes de sentarla al banquillo (…) ¡Qué horror! ¡Qué iniquidad!

Fue decisiva la influencia, en su horizonte pedagógico, de la reconocida intelectual bostoniana Miss Mary Mann —a quien conoció a través de Sarmiento— y de su marido Horace Mann.

Al asumir la dirección de la revista Anales de la Educación Común, creada por su amigo en 1858, el gobernador de San Juan manifestó:

Es éste un gran acontecimiento. La República Argentina es el único estado sudamericano donde una mujer haya sido llamada a desempeñar una alta misión en la prensa.

Una oportunidad auspiciosa para los objetivos de Juana Manso que, además de los planes de estudio, publicó la obra de Horace Mann para quien la educación pública era la oportunidad del ascenso social de los más necesitados. La historia, por sus políticas innovadoras lo consideró “padre de la educación norteamericana”. En este país del sur, Manso insistirá en la alfabetización de las masas al igual que Sarmiento, como condición para la libertad y el desarrollo del pueblo, tanto en lo individual como en lo colectivo, en hombres y en mujeres. 

En los Anales, Manso estableció fundamentos pedagógicos como el reemplazo del predominio de la memoria por la observación y la reflexión, la inclusión de tiempo libre, la sujeción a las necesidades del niño acorde con sus grados madurativos, la música antes que la lectura para los más pequeños, y tantos otros más. 

Su lucha inclaudicable contra los prejuicios socioculturales y religiosos fueron estimulados por los imperativos de Sarmiento:

Escriba, combata, resista… 

A la vez que Juana Manso batallaba por el derecho a la realización personal y laboral de las mujeres, ausente en el discurso público, su condición de librepensadora y activista de la educación estatal, laica y mixta concitaba la ira de buena parte de la sociedad tradicional y de la Iglesia. Cuánto más repudio suscitó su idea del placer como principio de la educación y la vida.

Atenta a lo que sucedía en América Latina, en 1865 escribió el artículo “La escuela de Flores”, severa crítica a los gobiernos por los escasos presupuestos destinados a la educación. 

Ausente Sarmiento en el país, Manso, que había sido nombrada por él como Directora de la Escuela Normal N.° 1, sin contar con su apoyo directo, recibiendo menguados recursos, más la prohibición de incluir a niños varones de 8 años en las escuelas mixtas, decidió renunciar y, siguiendo el consejo de su par, conjuntamente con vecinos comprometidos se dedicó a promover las bibliotecas públicas. Así, en 1866 fundó la primera en Chivilcoy. 

Pionera en más de un espacio intelectual, también lo fue como mujer conferencista en el país. A los 47 años organizó disertaciones y lecturas públicas, denunciando desigualdades e hipocresía de dogmas moralistas que condenaban a la mujer y defendiendo la secularización del matrimonio y la educación. Sin amedrentarse, inició juicio por la violencia con que terminaron algunos de esos actos.

Mientras Sarmiento permanecía en Estados Unidos, Juana Manso participaba activamente en la campaña para su presidencia y lo mantenía al tanto de los aconteceres argentinos. No bien triunfó su amigo, aumentó la promoción de las bibliotecas populares, distribuyó la revista Anales de la Educación Común en el ámbito educativo y fue la primera mujer vocal del Departamento de Escuelas en 1869. Su método de enseñanza se aplicó en 37 escuelas y gracias a él se eliminó el castigo corporal, se introdujo el estudio del idioma inglés, se amplió el campo del conocimiento, hubo planillas de control de asistencia y concursos para los docentes que se postularan a cargos directivos, lo que le permitió promover la profesionalización de los y las educadores/as en la legislatura de Buenos Aires.

Por designación de Nicolás Avellaneda en 1871 también fue la primera mujer en ocupar un cargo en la Comisión Nacional de Escuelas. Su confrontación al orden establecido por la tradición cultural mereció que la llamaran “la maestra insubordinada”.

Según María Gabriela Mizraje: 

Juana es considerada la primera militante (feminista) del país, por su incansable lucha por crear conciencia y ensanchar el espacio de participación de los sectores, para ella, más postergados: los niños y la mujer. 

Después de una existencia de lucha por los beneficios sociales e igualitarios de la educación, de la mujer y de los más postergados, Juana murió a los 55 años, el 24 de abril de 1875. Habiéndose negado a recibir la extremaunción fue sepultada en el cementerio anglicano.

La poetisa Juana Manuela Gorriti la despidió con estas palabras:

Juana Manso gloria de la educación, sin ella nosotras seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer.

Recién en 1915 sus restos fueron traslados al Panteón del Magisterio en el Cementerio de Chacarita.


Manso, Juana, 1819-1875 [Carta, ¿1865? a Juan M. Gutiérrez] [manuscrito] / Juana Manso. [4] p. Hológrafo, firmado.


   


Acerca de la carta de Juana Manso a Juan María Gutiérrez. Buenos Aires. Tomo VIII del Archivo del doctor Juan María Gutiérrez 


No obstante la ausencia del receptor, hay en las cartas la posibilidad de configurarlo, de reconstruir pasados personales e históricos, sistemas de pensamiento y particularidades culturales. Las dirigidas a Juan María Gutiérrez, por ejemplo, lo revelan como un referente intelectual de la época y hombre abierto a la amistad.

Sin fecha, aunque fácil de ubicar cronológicamente, con una única fórmula epistolar se inicia la carta: “Amigo y señor”. El vínculo de confianza con Juan María Gutiérrez permite a Juana Manso sortear otras introducciones e inmediatamente abordar la “tenebrosa historia” de Camila O’Gorman y el sacerdote Uladislao Gutiérrez, que la conmueve a tal punto que, en cierto modo, la reflexión no se distancia de la sensibilidad. 

Las convicciones de Manso acerca de la doble moral de la sociedad y del clero, la situación de inferioridad de la mujer ante distintos rostros del poder, la incomprensión de la edad y la pasión y, en especial, la ausencia de compasión, atraviesan la carta, que no da lugar a otros temas. 

¿Quién fue Camila O’Gorman?

Una joven de familia distinguida que a los 18 años se enamora del cura Uladislao Gutiérrez, sobrino del gobernador de Tucumán, compañero en el seminario y amigo del hermano de Camila, Eduardo. 

Se conocen y atraen en una de las tertulias que ofrece la familia O’Gorman y el secreto de confesión los aproxima.

El trágico romance de los jóvenes ocurre durante el segundo gobierno de Rosas en el que las presiones políticas, fundamentalmente de la Iglesia, se suceden en aumento. Que Adolfo O’Gorman, padre de Camila, denunciara ante el Restaurador, el 21 de diciembre de 1847, la fuga de los amantes:

Para elevar a su superior conocimiento el acto más atroz y nunca oído en el país, convencido de la rectitud de V. E. hallos consuelo en participarle la desolación en que está sumida toda la familia.

tal vez encuentre, además del motivo político, aquel otro cuyo estigma pretendió conjurar: ser hijo de Ana Perichon (la Perichona), amante del Virrey Liniers, acusada en el Cabildo de espiar y de llevar una vida “licenciosa”.

Los amantes se establecen en Goya, Corrientes, donde fundan una escuela con alumnado creciente. Él con el nombre de Máximo Brandier y ella como Valentina Desan. La meta era Brasil, pero Uladislao es reconocido y denunciado ante el juez de paz por el cura irlandés Miguel Gannon. 

Tanto Manuelita Rosas, amiga de Camila, como María Josefa Ezcurra, cuñada del Restaurador suplicaron sin éxito por la vida de la joven. Rosas realizó consultas a juristas reconocidos como Dalmacio Vélez Sarsfield, pero las respuestas fueron condenatorias.

Según testigos, las palabras previas al fusilamiento de Uladislao Gutiérrez, en Santos Lugares el 18 de agosto de 1848, fueron:

Camila mía: acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo ante Dios. Te perdona y abraza tu Gutiérrez.

Las de Camila:

Voy a morir, y el amor que me arrastró al suplicio seguirá imperando en la naturaleza toda. Recordarán mi nombre, mártir o criminal, no bastará mi castigo a contener una sola palpitación en los corazones que sientan.

Retomando la carta de Juana Manso advertimos el significante bíblico de la “tentación”, solo que en su texto es vecino de la piedad:

…Es indudable que ella ha sentido una pasión; ¡Pobre muger! El cura era su director espiritual; hace seis o siete años que día a día iba esta desgraciada al confesonario; al principio era ese cariño respetuoso y sereno en harmonía con el estado de ambos; después ella no pensaba sino en él, lo cuidaba, lo quería… una noche entró a su casa llorando sollozos. Inútiles luchas de una austera virtud, “había tentado y la habían tentado”.




Consultamos a:

Adami, Nazareno Miguel, “Poder y sexualidad: el caso de Camila O’Gorman”, en Revista Todo es Historia, N.° 281, pp. 6-31.

Biblioteca Nacional del Maestro, “26 de junio. Nace Juana Manso”. Consultado en http://www.bnm.me.gov.ar/novedades/?m=202006

Lewkowicz, Lidia F. Juana Paula Manso: 1819-1875: una mujer del siglo XXI. Buenos Aires, Corregidor, 2000.

Luna, Félix (dir.) Camila O’Gorman. Colección Grandes Protagonistas de la Historia Argentina. Buenos Aires, Planeta, 1999.

Llanos, Julio. Camila O’Gorman, Buenos Aires, La Patria Argentina, 1883. 

Mizraje, María Gabriela. Argentinas de Rosas a Perón. Buenos Aires, Biblos, 1999.

Pigna, Felipe. Mujeres tenían que ser. Historia de nuestras desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras. Desde los orígenes hasta 1930, Buenos Aires, Planeta, 2011, pp. 302-309.

Vicens, María. “Entretenimiento, público y autoría femenina en los periódicos de Juana Manso (1850-1860)”. Perífrasis. Revista de Literatura, Teoría y Crítica. Bogotá, Universidad de Los Andes. 


Colecciones Especiales sugiere la siguiente bibliografía:


Colección Biblioteca Gutiérrez:

Manso, Juana, 1819-1875. Compendio de la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Buenos Aires, Impr. de Berheim y Boneo, 1862.
Ubicación: B.G. 227

--------------. La Revolución de Mayo 1810. Buenos Aires, Impr. De Mayo, 1864.
Ubicación: B.G.412


Colección Reservada:

Lieber, Francis, 1800-1872. Sobre la libertad civil y el propio gobierno. Buenos Aires, [s.n.], 1869. (Traducción y prólogo Juana Manso)
Ubicación: C.R. 2678

Vidas de grandes argentinos. Buenos Aires, Antonio Fossati, 1960.
Ubicación: C.R. 361

Sarmiento, Domingo Faustino, 1811-1888. Obras completas de Sarmiento. Buenos Aires, Luz del Día, 1948-1956.
Ubicación C.R. 2666, en 52 volúmenes


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