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Las Ocampo


Pertenecientes a una familia patricia y aristocrática argentina, dedicaron sus vidas al arte y a las letras. Silvina, la hermana menor, es considerada una de las mejores cuentistas de todos los tiempos, y Victoria, también escritora, una de las principales gestoras literarias y del pensamiento crítico, siendo fundadora de Revista Sur. En esta entrega de Recomendaciones de libros: “Las Ocampo”, haremos un recorrido por la obra de las dos hermanas.


Silvina Ocampo


Victoria Ocampo


1. SILVINA ESCRITORA 

Silvina Ocampo, aunque escribió poesía toda su vida, encuentra su voz literaria en el cuento fantástico mezclando formas de surrealismo leve con narraciones en torno a la cotidianidad. En un juego entre el distanciamiento y la intensidad, sus cuentos tienen algunos temas recurrentes como “el doble”, la mirada sarcástica sobre la aristocracia (a la cual pertenecía), la crueldad (sobre todo en la niñez, sinuoso territorio de la vida) y las premoniciones (don que algunos le adjudicaban). Considerada una de las mejores cuentistas, podría recomendarse toda su obra, pero en esta oportunidad nos enfocamos en tres libros de cuentos:


Autobiografía de Irene
. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1975.
Link al catálogo: https://consulta.bcn.gob.ar/bcn/catalogo.verRegistro?co=86267&fs=32



Las invitadas. Buenos Aires, Ediciones Orión, 1979
Link al catálogo: https://consulta.bcn.gob.ar/bcn/catalogo.verRegistro?co=673019&fs=32



La furia y otros cuentos. Buenos Aires, Ediciones Orión, 1976
Link al catálogo: https://consulta.bcn.gob.ar/bcn/catalogo.verRegistro?co=619364&fs=32


Entre tantos cuentos geniales, elegimos uno de La furia y otros cuentos, editado en 1958, que impresiona e invita a la reflexión: La casa de azúcar

El personaje principal de la historia, Cristina, es una mujer supersticiosa. Su esposo busca una casa para mudarse que no haya sido habitada antes. Ya mudados, Cristina comienza a cambiar, y a medida que van sucediendo los acontecimientos llegan a la casa distintos personajes preguntando por una tal Violeta a tal punto que ya no sabe si es Cristina o Violeta. Su marido decide ir a buscar información, descubriendo la verdadera identidad de Violeta mientras Cristina se convierte en una extraña y huye. 

La literatura de Silvina Ocampo se caracteriza por el relato de situaciones extrañas dentro de una cierta cotidianeidad (de mirada aristocrática), lo terrible y oscuro se oculta en lo conocido y cotidiano, en eso que se denomina “siniestro''. La libertad amenazada por una superstición priva a Cristina de los más variados acontecimientos y en ellos, los elementos fantásticos: una moneda con la efigie borrada, una mancha de tinta, la luna vista a través de dos vidrios, las iniciales de su nombre grabadas por azar sobre el tronco de un cedro, signos de una amenaza oculta que la llenan de temor, fragmentando y recortando su mundo. La mala suerte acecha solo a Cristina, no a la pareja. Su marido (el narrador) combate las manías absurdas de su mujer con un creciente y preocupante fastidio, tratando inútilmente de proporcionarle cierta tranquilidad. La casa de azúcar es una casa aislada en los suburbios, inmaculada, de blancura extremadamente brillante, donde Cristina comenzará una transformación inevitable, que la llevará a ser tomada por la vida de Violeta: una mujer hermosa, desleal, libre, con amantes, visitada por hombres que se visten de mujer, llena de sueños de viajes en distintos medios de locomoción y amores imposibles. La libertad del personaje puede asociarse a una transformación paulatina, vista bajo la mirada escondida y celosa de su marido, de esa mujer en otra.


2. CARTAS - CARTAS

“Las Ocampo”, como la mayoría de los y las escritoras de la época, mantenían una intensa relación epistolar. En ellas puede verse la relación de un mundo íntimo con preocupaciones literarias. Entre la enorme producción, seleccionamos dos compilaciones: las cartas entre Victoria y Virginia Woolf y las de Alejandra Pizarnik y Silvina.


Correspondencia / Victoria Ocampo, Virginia Woolf. Rara Avis, 2020.



Se conocieron en 1934 en Londres. Victoria Ocampo se enteró que Virginia Woolf iría a una exposición fotográfica de Man Ray y allí fue. Virginia ya era una escritora y editora de fuste, y Victoria —que la admiraba desde el momento en que leyó Un cuarto propio— era una escritora que peleaba por un lugar en el campo intelectual argentino, plagado de hombres. Poder llegar a “escribir como una mujer”, decía. 

Se vieron solo tres veces en Europa, pero a lo largo de seis años (hasta la muerte de Woolf) construyeron un entramado de encuentros epistolares donde Virginia le ofrecía, con su escritura y lecturas, un lugar de mujer en el mundo de las letras, que Victoria tomaría para posicionarse. 

Fueron pocas cartas donde ambas se “adivinan”, se construyen en el camino de la escritura, visto como goce y tormenta, donde se cruza la guerra, las ediciones, los viajes, las distancias, las tareas domésticas, la ansiedad por saber sobre pequeños detalles cotidianos, la desazón por no poder decir lo deseado:

"Tengo la impresión de no haberle dicho nada de lo que me proponía decirle. Me parecía más que nunca, que estábamos en el andén de una estación, cinco minutos antes de la partida de un tren, o bien —cosa más detestable— en una dársena, frente a un transatlántico", escribe Victoria.

Las cartas se interrumpieron con la muerte de Virginia en 1941. Una relación que Victoria potenció en el tiempo: Hace veinte años que nos conocimos. ¿Qué significaba ella para mí en aquella época? La cosa más valiosa de Londres. Para ella: ¿qué habré sido? Un fantasma sonriente, como lo era mi propio país. Su imaginación gustaba de estos juegos: “Usted está por volver a la tierra de las grandes mariposas…"


Nueva Correspondencia Pizarnik. Edición de Ivonne Bordelois y Cristina Piña, Editorial Alfaguara



Mucho se escribió y se dijo acerca de las amistades y amores singulares que rodearon al matrimonio Ocampo-Bioy Casares. Una de ellas fue la intensa relación de Silvina con la poeta Alejandra Pizarnik. Saltando las diferencias sociales de sus realidades, las escritoras encuentran un universo en común, complejo y misterioso, en el que intercambian cartas de las que solo ha sido publicada una voz, la de Alejandra: Para Silvina exigimos todas las alegrías suaves e intensas, y que escriba muchísimo, y que sea como es si bien la aceptamos de todos modos si llegara a cambiar… escribe en alguna de las cartas que envió junto a tarjetas y dedicatorias en las que se puede leer la fascinación de la poeta por la aristocrática escritora, y el progresivo deterioro de su relación a medida que avanzaba el profundo trance melancólico que terminó con la vida de Alejandra un 25 de septiembre de 1972. 

Esta compilación de la Editorial Alfaguara reúne escritos epistolares de la famosa poeta argentina Alejandra Pizarnik, enviadas desde Buenos Aires, Nueva York y París a diferentes personalidades, entre las que se encuentran Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares, entre otros.

Sylv., yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré (...) Escribe en tono de despedida una Alejandra que se prepara para irse y no saber volver. 

3. AUTOBIOGRAFÍA: VICTORIA 

A lo largo de su vida, Victoria escribió ensayos, registros de paseos, una larga correspondencia y testimonios, en los que narraba y discutía temas de interés en primera persona. Paralelamente, trabajaba en su Autobiografía, ya decidida a que solo sea publicada entera de forma póstuma. Publicada en tomos por la Editorial Sur y nunca reeditada, hoy en día se consigue en librerías de usados. Sorprende la decisión de la publicación póstuma, ya que hubiese sido reconocida en vida. La voz de Victoria es fresca, real y distinta a la de sus otros trabajos.

AutobiografíaVictoria Ocampo.  V.5: Figuras simbólicas - Medida de Francia. Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1979


Por fin, la heredera de los Ocampo decide mostrarse sin tapujos para hablar de su nacimiento en la alta alcurnia y lo que significó ser una mujer intelectual y voraz (por la cultura, por el amor) en su época. Luego de un matrimonio frustrado desde la luna de miel y de otro amor tan pasional como imposible, a los cuarenta años de vida, Victoria se separa definitivamente de su marido y funda la Revista y Editorial Sur. También es el año de la muerte de su padre. Sus experiencias con la visita de Tagore a San Isidro y la correspondencia con Ortega y Gasset (puerta de entrada a la lengua española, que en Victoria era su segunda lengua) llegaron a puerto con la idea de su amigo estadounidense, el periodista Waldo Frank: Victoria, con sus conocimientos, contactos y posibilidad de viajar a Europa asiduamente, tenía que construir un puente espiritual por sobre el océano, una revista literaria, donde escriban y discutan los mejores de Europa y América. Sur se convirtió en la gran aventura de la vida de Victoria, dando voz a futuros grandes escritores, entre ellos Cortázar, Borges, Bioy Casares y su hermana menor, Silvina. Victoria se disuelve en Sur y así, luego, ya no podremos distinguir entre la escritora y su trabajo cultural. Para volver a encontrar a la escritora, recomendamos su Autobiografía. Habla fuerte, la vamos a oír.

 4. BIOGRAFÍA: SILVINA

La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo. Mariana Enríquez. Editorial Anagrama


Mariana Enríquez escribió La hermana menor, un retrato sobre Silvina Ocampo, una investigación con una enormidad de fuentes bibliográficas y testimonios de personas que la conocieron. El resultado podría ser una biografía dedicada a una figura exquisita y extraña de la literatura, pero bajo el tamiz que propone Enríquez, que a su vez es también escritora, logra meternos en el “origen estructural” de su literatura y de su vida como si fuese parte del mismo fuego. En el mismo devenir, Enríquez propone el mejor juego de Silvina: un vaivén que oculta y devela un tipo de oscuridad luminosa que envuelve a las dos escritoras a través del tiempo.

La biografía se atiene al peso propio que tiene como escritora, más allá de la influencia de su coqueto y literario entorno y de la aversión por exponerse públicamente. Así, atravesamos la vida de Silvina como parte de la aristocrática familia Ocampo; la particular relación con su marido, Adolfo Bioy Casares; su cambiante y chismosa amistad con Jorge Luis Borges, quien cenaba cada noche en casa de la pareja; los presuntos romances que tuvo con mujeres; sus perturbadoras premoniciones y sus conflictos con Victoria, su hermana mayor.

Bonus: Correspondencia y REVISTA SUR

Cartas de Posguerra / Victoria Ocampo. Buenos Aires, Editorial Sur.



Los viajes fueron un eje central en la vida de Victoria Ocampo. Su relación con grandes personalidades de la cultura internacional se gestó a través de los viajes que emprendía con frecuencia. Desde 1896, Victoria cruzó el océano hacia Europa cientos de veces. Pero quizás, el viaje que más la conmovió, fue el que realizó a una Europa arrasada por los estragos de la Segunda Guerra Mundial, en 1946. Ese viaje, en el que aprovechó para traer nuevas ideas y proyectos para la Revista Sur está documentado en el libro Cartas de Posguerra, de Editorial Sur. 

En esas cartas dirigidas a sus hermanas, Angélica y Pancha, y escritas en su particular estilo en el que mezclaba el español rioplatense con el inglés y el francés, contaba su día a día, la angustia que le provocaba una Europa destruida por la guerra. También es invitada a asistir a algunas jornadas de los juicios contra los nazis en Núremberg. (https://consulta.bcn.gob.ar/bcn/catalogo.verRegistro?co=552722&fs=32)

La viajera y sus sombras. Crónica de un aprendizaje, Editorial Fondo de Cultura Económica, 2010



Observadora y muy crítica, Victoria Ocampo escribe una excepcional crónica del Juicio de Nuremberg, como lo nota Silvia Molloy en el prólogo de La viajera y sus sombras. Crónica de un aprendizaje, una selección de crónicas de viaje.
 
De regreso, hace una parada en Nueva York, y en una carta enviada a su hermana Angélica, le cuenta que en los comedores del Hotel Waldorf Astoria cantaba un jovencito "que vuelve locas a las chicas, que siempre lo esperan, para tocarlo a su paso, si fuera posible". El cantante en cuestión se llamaba Frank Sinatra. 

Victoria tenía 40 años y al principio le costaba entender la dinámica de esa metrópoli, de ese nuevo mundo. En un relato, plasma la fascinación que siente durante un recorrido por Harlem, por esas personas negras "con alas en los pies" haciendo una analogía con las aves y la belleza de los bailes de los habitantes de ese barrio neoyorquino. Es en “La Gran Manzana”, y estimulada por su amigo Waldo Frank, donde comienza a germinar la idea de hacer una revista cultural.

En los años 30, la producción literaria argentina era efervescente, los debates y dilemas respecto a la experimentación del lenguaje y las posiciones políticas divergían y se multiplicaban. En ese marco, en 1931, la mayor de las Ocampo funda Revista Sur a pesar de las palabras de su padre: “Te vas a fundir, Victoria”. Y no era para menos, iniciaba un ambicioso proyecto en uno de los peores momentos económicos, no solo de Argentina sino del mundo. Sin embargo, logró que Sur se convierta en una de las publicaciones más influyentes en la historia literaria y de los medios gráficos —se editó con idas y vueltas hasta 1992— y se estableció como un puente intelectual con Europa.

Para llevar adelante la publicación, Victoria debió sobreponerse, además de a las restricciones familiares, a su educación estrictamente aristocrática por la que apenas sabía escribir en español rioplatense —ya que su formación fue en francés— a las desventajas de ser mujer y al estigma de ser “separada”, condiciones que la llevaron a trabajar el “rol de la mujer” identificándose con Un cuarto propio, de Virginia Woolf.



Por Revista Sur pasaron Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Alejandra Pizarnik, José Bianco, Virginia Woolf, entre muchos otros, hasta el cese parcial de su publicación en 1971. En 1941, se instaló en su residencia Villa Ocampo —hoy perteneciente a la UNESCO—, que se convirtió en lugar de recepción de figuras como Rabindranath Tagore, Albert Camus, Graham Greene, Ígor Stravinsky, Saint-John Perse, Denis de Rougemont, Pierre Drieu La Rochelle, Roger Caillois, Ernest Ansermet, Christopher Isherwood e Indira Gandhi.

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