Apuntes de historia del arte

El Chi-Rho del Libro de Kells, Segunda entrega

Una “X” y una “P” se despliegan por el pergamino.

El inicio de este texto —y el que vimos en la primera entrega— ya revela lo que ocurre en la página del monograma de Cristo del “Libro de Kells”. La “X” y la “P” son, más o menos, explícitas, aunque seguramente habrá quienes no las reconozcan en una primera mirada. En los libros irlandeses es muy posible que la lectura de páginas como ésta nos llene de confusión. El ornato, como si de un líquido se tratara, se extiende por la página volviendo el texto, sujeto a convenciones acordadas, casi de imposible interpretación. Veamos otro ejemplar del mismo “Libro de Kells”, en este caso, el “Íncipit del Evangelio de Mateo”:


¿Quién encuentra las palabras Liber Generationis (en latín, “genealogía”) en el “Íncipit del evangelio de San Mateo”? Incluso conociendo dónde se ubican es difícil hallarlas. Veamos: la “L” aquí es curvilínea y se cruza con el fuste de la “I”. La “B” es minúscula y espejada, y adentro de su espacio vacío, la “E” y la “R” se entrelazan y culminan en cabezas de animal que se muerden mutuamente. Dentro del rectángulo en colores lila y naranja que aparecen enmarcados en el cuadrante inferior derecho, podemos observar —de forma bastante compleja— la palabra Generationis, en la que cada letra se aparta de una forma u otra, de lo esperado.

La pregunta que nos hacemos hoy es: ¿por qué la ornamentación es tan impresionante que hasta dificulta la lectura? Es muy posible que libros como éste, abiertos en páginas como ésta, se exhibieran en el altar en los días festivos, para causar impacto estético en los creyentes. Podemos imaginar: posiblemente sus vidas transcurrían en forma bastante ajena a tales “revelaciones”. Se conservan las palabras de Gerald de Barri, archidiácono de Brecon, Gales, que haciendo probablemente alusión al “Libro de Kells” en el siglo XII, dice: “Examínenlo con detenimiento, y penetrarán en el verdadero santuario del arte. Reconocerán los lazos de tal delicadeza y finura, de tal densidad y espesura, de tal abundancia en nudos y ataduras, con colores tan frescos y brillantes, que podrían pensar que todo esto no es obra de un hombre, sino de un ángel”. De modo que los monjes creadores de esta maravilla, se cree, buscaban atraer y conservar fieles por medio del arte.

El “hombrecito con libro” que aparece a la izquierda de la página, al igual que las representaciones figurativas de estos libros, suelen ser vistas por la mayoría de los espectadores como deficientes. Los ojos están a diferente altura, el rostro tiene una expresión ilegible —si es que distinguimos alguna en él— y el cuerpo es más un nudo que otra cosa. Ocurre que estamos en las antípodas del arte de origen mediterráneo, caracterizado por su afán descriptivo. Al artista irlandés no le interesa copiar el aspecto físico, lo que quiere es informar. Su punto de partida no es la observación de un hombre, sino su idea de lo que es un hombre; por eso estamos ante un planteo abstracto de la imagen . Aquí no es importante la sombra del hombre, si tiene bigote, si es alto o gordo, lo importante es que haya alguno, porque cada evangelista tiene un ser que lo simboliza, el “hombre” es el símbolo de Mateo. Y, ¿quién podría dudar de que en el “Íncipit de Mateo” el hombre con libro que aparece figurado sea otro que el propio evangelista, con su libro en la mano? 

Finalmente, es interesante considerar que las letras, que son trazos que todos acordamos, tienen determinado sonido y significado, y muchas veces al ser explotadas artísticamente “pierden” en legibilidad y “ganan” en estética. Y que a su vez, la figuración de los libros irlandeses “pierde” en naturalismo descriptivo, pero “gana” en información. 

De alguna manera, la letra-signo, al estetizarse, y la figuración, al hacerse menos descriptiva, se equiparan y por eso son capaces de mezclarse en la página como tan bien apreciamos en el “Libro de Kells” en particular, y en el arte medieval en general.

La nueva pregunta que surge es: ¿por qué los artistas irlandeses no hacían arte descriptivo? Con la respuesta nos encontraremos en próxima entrega…



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