Algunas páginas en las Colecciones Especiales

Juan Crisóstomo Lafinur en el Epistolario Gutiérrez

Cada sujeto, por ocasional o tenue que sea, nos impone una estética peculiar. Cada palabra, aunque esté cargada de siglos, inicia una página en blanco y compromete el porvenir.

Jorge Luis Borges. Prólogo a La Moneda de Hierro (1976)


La sala de Colecciones Especiales presenta, a través del Epistolario Gutiérrez, dos cartas, fuentes de primera mano, y de algún modo asociadas. A una de ellas Juan María Gutiérrez le reconoció valor documental para investigaciones futuras. De allí que la elección de ambas no haya sido azarosa. 

La primera es una carta escrita en verso por el Dr. Juan Crisóstomo Lafinur a su estimado amigo y condiscípulo Agustín Delgado. Su particularidad consiste en que, no teniendo a Juan María Gutiérrez como destinatario, este la copie de puño y letra. 

El autor, según Gutiérrez escribe varias composiciones que denomina “elegías”, tal vez por influencia de Ovidio. La que se presenta aquí es inédita (forma parte del volumen Colección de poesías y versos impresos en Buenos Aires o escritos por argentinos, reunida y arreglada por orden de fechas y tamaños por J. M. Gutiérrez) y el crítico copista la ubica cronológicamente en “¿1820 y tantos?”, con el título que anticipa una tensión: “La obligación y el amor”. 

La misma se encuentra en el Tomo I del Archivo Epistolario Gutiérrez (páginas 140 a 144), compilado por los profesores R. Moglia y M. García quienes, a través de una nota, revelan la existencia de otra versión titulada Epístola a un amigo. Tercetos (n A.G. Registro 666 bis. Colocación 661 pp. 638-649). 

“La obligación y el amor” contiene una breve introducción en la que Gutiérrez adelanta el estado de lamentación que es representativo del género: el asunto por sí solo no puede manifestar el género de poema a que pertenece. El uso de metáforas, la narración y el metro lo califican de épico, luego justifica las debilidades por el destino del texto Con todo si se hubiera escrito este poema para otros, se disculparía el autor de algunos vicios que puedan criticarle, especialmente la mucha narración precedente al asunto principal, con razones mui poderosas que tuvo para ello. Mas como no escribe sino para sí solo y para algunos de cuya benevolencia está seguro, se ha ahorrado en disculparse.

Advierte que la suya es copia de otra cuyos errores ha tratado de enmendar en lo posible y que la decisión de llevarla a cabo se debió, más que al valor de la pieza en sí, a la intención de conservarla como documento ya para estudiar al autor, ya para comprender la marcha de nuestra poesía patria. 

Refiriéndose al destinatario, concluye con una observación etimológica que evidencia la intencionalidad de la elección y el sentir profundo del poeta. Esta composición está dirigida a su paisano y compañero de infancia A. D. (Agustín Delgado) y a quien en el curso de ella llama Teodoro (que significa don de Dios). 

************

La labor poética de Lafinur, que comprende poesías patrióticas como la conocida Oda “A la muerte del General Don Manuel Belgrano”, se suma al trabajo periodístico y docente desde donde transmite el pensamiento ilustrado y la ideología, y el propósito de la organización democrática liberal del país. 

La citada Oda fue leída por Valentín Gómez en el “segundo funeral” de uno de los Padres de la Patria, un año más tarde de su muerte casi ignorada el 20 de junio de 1820.

Juan María Gutiérrez y otros miembros del Salón Literario, integrantes de la Generación del 37, enfatizaron la importancia de Juan Crisóstomo Lafinur en la enseñanza y difusión de las nuevas ideas llegadas de Europa y en la emancipación de la filosofía respecto de la teología. De hecho, este joven resultó ser el primer laico en ganar por concurso la cátedra de filosofía en el país. Más tarde, su discípulo Diego Alcorta sería profesor de casi toda esa generación. Ambos fueron precursores en dictar las clases de filosofía en castellano, hasta entonces en latín.

La familia Lafinur brindó varios escritores a la historia de las letras argentinas: Luis y Álvaro Melián Lafinur, Jorge Guillermo Borges y su sobrino bisnieto, Jorge Luis Borges que honró su memoria en la literatura y en disertaciones varias. “Podemos querer a Lafinur a través del vasto espacio de tiempo que nos separa”.

Por otro lado, presentamos una carta de Juan Godoy dirigida a Gutiérrez con fecha de 4 de noviembre de 1845, ubicada en el Tomo II páginas 27-28. Esta epístola es testimonio del pedido de Gutiérrez a Godoy para lograr noticias acerca de la biografía y algunos originales de la obra de Juan Crisóstomo Lafinur, con motivo de la publicación de la primera antología americana: “América Poética”.

************

De la carta de Juan Crisóstomo Lafinur a Agustín Delgado


Juan María Gutiérrez nos coloca frente a su apasionada preocupación por la literatura hispanoamericana, su interpelante motivación y valoración.  

La copia de “La obligación y el amor”, hecha por su mano, contiene una concisa introducción explicativa del motivo, circunstancia y la decisión de realizarla. 

El nombre de Lafinur, más que el mérito de este trabajo nos ha decidido a copiarle y conservarlo como antecedentes de que puede sacarse algún fruto ya para estudiar al autor ya para comprender la marcha de nuestra poesía patria. Corren muchas copias de esta Elegía. Yo he visto tres y poseo dos de ellas; circulan especialmente en las Provincias interiores. La presente de mi puño está tomada de una que posee Don. Damián Hudson. (firmado).

Nos advierte: “La copia de donde se saca la presente está llena de errores y de descuidos provenientes de la mano inexperta del copista. E la presente he corregido algo de lo más notable.”

El poeta inicia “La obligación y el amor” advirtiendo a su amigo Teodoro las reiteradas dificultades para escribirle, tan contrapuestas al fácil diálogo presencial.

Es la tercera vez, mi dulce amigo, // (cuando este idioma me es ignominioso) / que estas letras que ves grabar no quiso / el pulso inobediente y tumultuoso. / ¡Qué fácil era trasportar el alma / a do tú estás!

El poema es una epístola confidencial al respetado compañero de la infancia –“se virtuoso por siempre” me dijiste, bañado en llanto tu apreciable rostro– con quien compartió un mundo sensible e intelectual y a quien hace partícipe de una compleja circunstancia amorosa –más bien pasional.

Teodoro, que hubo un día// que ocupados los dos en nuestros ocios / escritos de pasión en infamia puros, / un eco de repente pavoroso / al alma hablaba y triste predecía / un porvenir aciago. Otro día / temblando nos mirábamos, no osando / ni el temor ni esperar de tal pronóstico. / ¡Ay ¡Cuántas veces en los sacros templos / de la divina Palas cuando / reina del alma inmaculada / cuando con paso firme y valeroso / volaba el genio (…) 

A través de preguntas retóricas, vocativos y exclamaciones, nos confronta con la añoranza de tiempos pasados en los que compartían la belleza, la comunión de sus almas en la que la naturaleza y las divinidades mitológicas eran partícipes de sus sentimientos, y siempre la triste frustración de no poder volver el tiempo atrás.

(…) la divina Palas (…) volaba el genio y de la gran Natura / los secretos espiaban; cuando el coro/ de las sagradas ninfas acorría/ a templar nuestros pechos y nosotros / con voz incierta alzábamos el canto / Oh! Ya entonces el pecho temeroso / latía cual las hojas del arbusto / que ven venir el huracán furioso, y de afectos inocentes/ nuestras almas era el gozo // del arte encantador que ya absovía / de nuestros pechos los ardientes votos. /Cuántas veces en la hora en que descansa / Naturaleza, alzábamos el [tono canto] tono; y cuántas veces vino a interrumpirle / el padre de la luz en carro de oro. / ¿Qué era yo para vos, amigo, entonces? / ¿Qué nuestras almas? El alegre otoño / sus verdores nos muestran tan risueños / en las plantas y flores, que ya el Noto / amenaza arrancar; o recorramos/ esos sagrados claustros do el decoro / un asilo buscara (…)

Como nos adelantó Gutiérrez en la introducción, hay una “narración” acerca del pasado en común, de su amistad, la unidad en la confianza, compartiendo convicciones y honores genealógicos. 

(…) aquellos sitios / al silencio librados y el reposo/ de eterna arquitectura fabricados, / colosal monumento y testimonio / de la altiva virtud de nuestros padres. / Allí empezó a correrse el misterioso, / el oscuro telón que infausta suerte, / por mí encubriera, más el ominoso // pesar que me ocupara fue partido/ con vos, precioso joven. Te es notorio / que tus consejos despreciando entonces / ardiendo el pecho en fuego impetuoso / al amor me entregué de la que sabes; / que me cogió con dicha (…) y de ti me apartó siguiendo el polvo/ del carro de la diosa sanguinaria.

Lafinur continúa la narración llena de lirismo. 

(…) dando la tierra un céfiro gustoso; una beldad, Teodoro, ¡Oh! Que es ahora / la ocasión de mis penas y mis lloros / se presentó a mi vista. Más pintarte / la expresión elocuente de sus ojos, / el albor de su tez, formada al cabo // del lirio y azucenas por sonrojos / los breves hemisferios que señalan / la mansión del amor…no, no es dado./ Yo osé hablarla, Teodoro, y no sabía / ni de mí ni de vos; (…) no sin compasión, que el amoroso / furor que me abrasaba y que en conflicto/ ponía su candor y su decoro/ prometiera apagar; más hizo, amigo / dejó escapar sobre el divino rostro/ lágrimas de ternura y protestarme / que éste era  de su amor primer despojo.  

El poeta avanza en una prolongada descripción sensual y sentimental mediante metáforas, comparaciones, personificaciones, paralelismos, vocativos, alusiones, preguntas retóricas y exclamaciones.

Un mortal que sufriera los furores / de las olas del mar y victorioso / la tierra hollara de la muerte lejos, / no fuera tan alegre y venturoso, / cual era yo cogiendo las primicias / de este triunfo feliz. Era forzoso/ que la esperanza ardiendo en nuevas llamas// me aprisionara más con lazo de oro / el objeto precioso de mis ansias. / ¡Qué situación difícil, y escabrosos/ los medios de lograrlas! Ella tiembla / al nombre solo del amor, y no oso/ burlar su sencillez inmaculada. / ¿Mas, qué valen preceptos rigorosos / de una moral austera que reprende / los instintos del alma? ¡Mas que apoyo / preparan los hábitos violentos / que la ignorancia ciega con desdoro / del siglo de la luz (…) trastorno? / El corazón fracasa, apenas piense (…) Ay ¡Yo la he visto/ enrojecer la nieve de su rostro / cuando un tierno suspiro interrumpido / por otro más amante e impetuoso / a mí me la entregaba, a mis furores. / Venció el amor. ¿Quién resistirse puede a sus encantos? (…) Ella así lo entendió cuando entregada / a mi mortal deliquio, el labio hermoso / a los míos aplica, y la ambrosía / de Jove soberano sorbí al pronto. / Asida de mi cuello, el peso siento / de sus divinas formas y contornos; / me toca ya la magia seductora de su vientre ligero y voluptuoso. / ¿Qué corría por mis venas? (…) Fuego del Etna activo y ardoroso/ que todo lo devora y purifica. 

De la tensión entre las normas morales establecidas que cuestiona el poeta y que, sin embargo, se culpa al transgredirlas, y la fuerza impetuosa del amor, deviene la necesidad de comprensión y consejo por parte del amigo.

Cómo puede pintarse el cuadro hermoso / de dos amantes que Natura uniera // por simpática acción? (…) / ¿Ese lenguaje de ayes y de lloros, / esas palabras que el desorden forma / de afectos vehementísimos al modo / que de una tempestad es el granizo / el trueno, el rayo, el [agua] aire, el agua todo / el simple efecto de una causa sola? / (…) ¿Qué faltaba a mi dicha ¿Caro amigo, / ser criminal e infeliz (…)

El planteo lírico que el título anuncia, “La obligación y el amor”, al parecer son incompatibles. Hablan los amantes:

Oigo una voz que hundida entre suspiros// me dice: “hombre fatal si mi decoro, / es el trofeo de tu ardiente llama, / ¿a qué naciste? Vuélveme el reposo que injusto me robaste. ¡Ah! ¡bien lo entiendes ves a la naturaleza en vuestro apoyo / dorarme el precipicio en que me abismas! / Mas, quien me ha de salvar? ¿Ha de ser otro / que el mismo que ha jurado amarme tanto? / (…) Te costaría dime en los altares/ jurarme tu pasión con labio heroico / y ser tú, desde hoy, ese raro objeto de mi amor y eternos votos? / Que sea así bien mío; el noble pecho / no ultraja a la que adora. Yo antepongo / tu amor a todo el resto de los hombres, / y es cierto que el uno para el otro / ha nacido, cual dices, ya no temo // que tu te portes menos generoso. / Bajo un techo amigable, y ocupados / de los placeres dulces y sabrosos / de amor y de amistad, llegará el día / que rodeados de amables y graciosos /frutos de nuestra unión, sea satisfecho / de natura el designio; no el pomposo / brillar de la fortuna ultrage tu alma / para amor y virtud nacida solo; / tú eres mi universo, yo en tus brazos / ocupo de la vida el mejor trono. / Asegúrame, pues, que así tú juzgas / y triunfarás de mí, según tu antojo / afirmarlo y correré aquellos brazos/ sabrás lo que es amor, ser venturosos” (…) Oh, ¿Qué quieres de mí, clamé, bien mío, / que pueda a mi fineza ser costoso? // Dudaré unirme en sempiterno lazo/ al mejor de los seres? Yo te ador. / Yo te juro… No acabara el labio / cuando torna Oh dios, el más dichoso / de todos los mortales.

Aquello que al principio es un intercambio entre amantes, una vez pasada la ardorosa pasión, al poeta sólo le resuena la obligación, el deber.  Compartiendo con Teodoro esta revelación, le explica: 

¿Quién pudiera explicar este instante prodigioso / manantial de placeres inefables? (…) Sí Teodoro, / que parecía un genio, un ángel puro / que había humillado su esplendor glorioso / por favor de un mortal. (…) Un sueño blando, de que nunca hubiera, ¡Oh cielo!  Despertado, me hace pronto / un mortal de otra esfera; mil imágenes / perpetúan mi dicha y presuroso/ cual relámpago corre el tiempo tardo. (…) Veo a mi amor que redoblaba fina / el juramento de su amor precioso, / Ya el mío me pesara. Despedíme / y a mi casa y al lecho luego torno, / medito mi fortuna, me contemplo // y me hallo criminal impetuoso. / Soi un perjuro. ¿Lo creerás, amigo?

Alejado de las preguntas retóricas, el poeta se sumerge en la confesión de sus reales sentimientos, de aquella entrega apasionada solo queda un eco vacío de palabras amatorias y el peso de una obligación que provoca la huida. A tono, el poeta exclama y afirma:

¡Yo unirme para siempre en matrimonio! / ¡Ofrecerme a mí mismo! (…) . / Negarme a los hechizos de beldades / que aún por ahora afortunado ignoro, / mañana a mi pesar sentirá el pecho / Tú me conoces bien, caro Teodoro, sabes cuanto abomino el romancesco / deliberar de los amantes locos / que a una hora de placer ciegos se venden / por aburrirse de la vida pronto. / Yo más quiero morir que desposarme // y perder el mejor, el más precioso, / de los dones del hombre. No, No cumplo (…). A la acción animal cedió el reposo

“cuando el sueño cerró mis tristes ojos (…) una imagen tras otra, horrible estorbo / (…) /de Temis soberana me contemplo / su airado ceño adusto y enojoso/ me hizo temblar (…). “Oh Diosa, exclama, del virgíneo coro / tutelar de mis consagrados / a tu honor y a tu temple, a vos imploro / vengues mi fe burlada y tus altares. (…) Vengad, ¡Oh justa Diosa!, el tierno lloro/ de una simpar y desolada madre / digna de mejor hija; el cruel desdoro / de una triste familia; desagravia / tu nombre escarnecido”.

Esta escena es tan real para el protagonista que lo hace sentir perseguido por sus acciones. Así se siente él:

(…) Teodoro amado, no te engaño, / abrirse los infiernos donde un negro / pestífero vapor eterno reina// cadáveres de fuego unos sobre otros, / rayos lanzando y con feroz sonrisa / exclamar, desde allá de lo más hondo! / “Ven con nosotros, criminal perjuro, / goza de tus delitos con nosotros”. Al latido mortal que el pecho diera / despierto, ¡oh Dios! Me dudo… Me conozco/ y el temor me persigue aún de mi sueño.

Finalmente, implora al corazón virtuoso de Teodoro que lo entienda y pide su compasión, quizás más cercana a la misericordia…  

Ved, mi querido amigo, (…). Yo soi otro / de aquel que en otro tiempo en vos cargaba / sus inocentes cuitas. El pasmoso/ inaudito secreto que os confío, / ténlo ignorado; más, si generoso/ quieres aún ser mi amigo, aconsejadme, / mientras tanto a las penas me abandono / y no sé si tu amigo he de llamarme. / Soi criminal y falso; el más odioso / soi de los hombres, mas si no me acorres // cederá mi hado acervo y ominoso. / Feliz mi adversidad será si logro/ la compasión de un corazón virtuoso.

El sensualismo que se le cuestionara por entonces a Lafinur –“siento, luego existo”– atraviesa todo el poema y se exalta con erotismo en la descripción de su amada y de su propio arrebato. 

Es recurrente en el poema la nostalgia del “paraíso perdido” disfrutado con Teodoro en cuya idealización, también del paisaje, no está ausente la mención a divinidades mitológicas.

Así como abundan las figuras retóricas, los géneros a los que apela el poeta también son diversos: el epistolar, el épico, el dramático (diálogo de los amantes) y, por supuesto el lírico. Tal vez lo melódico del poema responda a la condición de músico de Juan Crisóstomo Lafinur, el joven de vida tan intensa como breve.

***********


Juan Crisóstomo Lafinur, Agustín Delgado y Juan Gualberto Godoy fueron desencadenantes, en Mendoza, de un periodismo combativo destinado a difundir las ideas libertarias de la Ilustración en oposición al colonialismo cultural español de tradición católica. La sátira y la poesía resultaron instrumentos atractivos para el fin que se habían propuesto. Juan Gualberto Godoy fue considerado precursor de la literatura gauchesca por el destacado intelectual Félix Weimberg. 

La actividad político-ideológica de estos hombres –que no solo abarcó el periodismo, la literatura, la filosofía y la educación– llevó al exilio a Lafinur y a Godoy, y al Congreso Constituyente de 1853 a Agustín Delgado y a Martín Zapata como representantes de Mendoza. 


De la carta de Juan Godoy a Juan María Gutiérrez


La otra carta seleccionada (4 de noviembre de 1845, Tomo II, páginas 27-28) es de Juan Godoy a Juan María Gutiérrez en calidad de amigo. En ella se infiere que hubo un pedido anterior de su destinatario acerca de la biografía y material de la obra de Juan Crisóstomo Lafinur.

Como muchos de sus coetáneos, Juan Godoy se carteaba frecuentemente con Gutiérrez, pero como poeta le brindaba su apoyo afectivo, sin privarse de esbozar su criterio estético, buscando, copiando y remitiéndole textos para llevar a cabo la realización de la emblemática antología: “América Poética”.

Tengo en mi poder para sacar una copia, composición inédita de letra de Lafinur. Su asunto es una niña saliendo del baño. Abía oído hacer los encomios más exagerados de esta obra, (…) Así que tenga un poco de tiempo la copiaré i se la remitiré; puede qe V encuentre bellezas qe a mí se me ocultan (…)”. Copiaré las piezas qe V me indique de las que se allan en el Curioso, si la viuda se niega a qe se lo remita.

Godoy puede complacerlo parcialmente: le proporciona algunos datos sobre la vida de Lafinur y le sugiere la posibilidad de obtener otros por parte de Francisco Delgado, hermano de Agustín. En cuanto a la obra de Lafinur le manifiesta que a la viuda solo le han quedado algunos números del periódico El Curioso que, en Buenos Aires, redactara con el padre Camilo Henríquez.

Menciona que en ese mismo periódico se publicaron una Oda a la muerte del General Belgrano, una “canción fúnebre” también a Belgrano, “pronunciada por Dn Valentín Gómez”, una fábula burlesca y otras “composiciones” nada relevantes.

Generosamente se ofrece a copiarle algunas piezas, en caso de que la viuda se niegue a desprenderse de ellas, y otro material que pueda interesar a Gutiérrez aun cuando él dude de su valor literario.

Valga como indicio de la vida intelectual de entonces y de los vínculos personales de sus protagonistas, la inclusión de los nombres de Sarmiento y Julián Serpa, por cierto, secundarios en la carta. 



Lecturas sugeridas

- Aostri, Fernando. Borges y su primer antepasado literario Lafinur. Biblioteca Pública Digital de San Luis. Ministerio de Ciencia y Tecnología. San Luis Libro.

- Archivo del Doctor Juan María Gutiérrez. Epistolario. Edición a cargo de R. Moglia y Miguel O. García. Tomo I y II. Biblioteca del Congreso de la Nación. (C.R 982)

- Biografía de Juan Crisóstomo Lafinur. Archivo Filosófico Argentino. Centro de estudios Eugenio Pucciarelli. Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires.

Consulta online, octubre de 2020: http://www.archivofilosoficoargentino.info/biografialafinur.pdf

- Borges, Jorge Luis. Obra poética. Buenos Aires, Sudamericana, 2011.

---------------, “Imagen de Lafinur”. Conferencia dictada en San Luis, noviembre de 1976.

https://borgestodoelanio.blogspot.com/2017/09/jorge-luis-borges-imagen-de-lafinur.html consultado en septiembre de 2020

- Castellino, Marta Elena. Panorama de las letras y la cultura en Mendoza. Período Hispano y Siglo XIX. Mendoza, Universidad de Cuyo, 2013.

- Getz, Juan W. El doctor Juan Crisóstomo Lafinur. Estudio biográfico y recopilación de sus poemas. San Luis, Fondo Editorial Sanluiseño, Gobierno de la Provincia de San Luis, 1996.

- Juan Crisóstomo Lafinur y Jorge Luis Borges. Tradición puntana. 

Consulta online: https://tradicionpuntana.com/blog/post/juan-crisostomo-lafinur-y-jorge-luis-borges

- Korn, Alejandro. Las influencias filosóficas en la evolución nacional. Ensayos y notas bibliográficas. Vol. III. 1938, Universidad Nacional de La Plata.

- Lafinur, Juan Crisóstomo. A la muerte del General Don Manuel Belgrano. Canto elegíaco en www.cervantesvirtual.com consultado en octubre 2020.

--------------. Curso filosófico. Dictado en el Colegio de la Unión del Sud de Buenos Aires en 1819. (Publicado por 1.ª vez en 1938). Biblioteca Oratlas

- Roig, Arturo Andrés. Mendoza en sus letras y sus ideas. Mendoza, Ediciones Culturales de Mendoza, 1996

- Rojas, Ricardo. La literatura argentina. Impr. Pablo Coni, 1920. Volumen 3. “Los proscriptos”.

- Sarmiento, Domingo Fidel. Juan Gualberto Godoy. Ensayo biográfico, Buenos Aires, septiembre 4 de 1864. Biblioteca Virtual Universal. www.biblioteca.org.ar consultado octubre 2020.

- Varela Domínguez de Ghiodi, Delfina. “Juan Crisóstomo Lafinur. Una Cátedra de Filosofía”. Tesis doctoral, 1933.

---------------. Juan Crisóstomo Lafinur. Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras, 1934.

- Villegas, José. Juan Crisóstomo Lafinur; el señor de las ideas. San Luis, 2005.

- Weimberg, Félix. Juan Gualberto Godoy: literatura y política. Poesía popular y poesía gauchesca. Buenos Aires, Solar/Hachette, 1970.

- Zó, Ramiro. “Rescatando del Leteo crítico a Juan Crisóstomo Lafinur”, Piedra y canto. Cuadernos del CEUM. Universidad Nacional de Cuyo, números 9-10 (2003/2004)


Bibliografía del Departamento Colecciones Especiales de la BCN

- Lafinur, Juan Crisóstomo. Cuaderno de lógica [manuscrito] / dictada por D. J.C. Lafinur. Buenos Aires, 1812

Ubicación: B.G. R 993

- Mitre, Bartolomé. Comprobaciones históricas. Nota preliminar por Rojas, Ricardo. Librería La Facultad. s/f.

Ubicación: C.R 2783

- Reynal O'Connor, Arturo. Juan C. Lafinur; crítica literaria / por el Dr. Arturo Reynal O'Connor. Buenos Aires, Impr. de Obras de J. A. Berra, 1892

Ubicación: B.G. R 1352

- Rojas, Ricardo. Obras de Ricardo Rojas. Buenos Aires, Librería La Facultad, ¿1920?

Ubicación: C.R 2080

- Los poetas argentinos cantan al Libertador. Buenos Aires, Comisión Nacional Ley 13.661, 1950.

Ubicación: C.R. 1106; B.P. 485


El material seleccionado se encuentra en el Departamento Colecciones Especiales de la BCN.



Más sobre: 'Algunas páginas en las Colecciones Especiales'