Recomendaciones de libros de la BCN

Teatro premonitorio. Obras que se adelantaron a su época


Algo pervive en el arte. Una latencia, una intuición que logra hacer dialogar las épocas y que hace ver a algunas obras como en un remolino del tiempo. Recomendaciones de libros de la BCN presenta: Teatro premonitorio. Obras que se adelantaron a su tiempo. Comenzamos con La tempestad, de Shakespeare, la última obra del dramaturgo que con el tiempo adquirió diferentes lecturas y reversiones de sus personajes convertidos en ensayos y novelas. Seguimos con El zoo de cristal, de Tennessee Williams, pieza teatral ambientada en un Estados Unidos sacudido por la crisis del 30, donde una familia naufraga en medio de sus disfuncionalidades; y con Casa de muñecas, de Ibsen, potente obra que cuestiona la institución matrimonial y que coloca a su protagonista, Nora, en un rol inesperadamente activo, en un polémico final para el siglo XIX. Por último, terminamos con una pieza argentina de Armando Discépolo, Stéfano, encuadrada en el género grotesco criollo que sigue funcionando como una crítica aguda de la sociedad actual. 


1. La tempestad, de William Shakespeare. Introducción, traducción y notas de Pablo Ingberg. Editorial Losada, Buenos Aires, 2005

Link al catálogo BCN: https://consulta.bcn.gob.ar/bcn/catalogo.verRegistro?co=651769&fs=32

La tempestad es una pieza de tragicomedia compleja y tardía, que por ser la última obra de Shakespeare es considerada su testamento dramático. Escenificada por primera vez en 1611 en el palacio de Whitehall, centra su argumento en el conflicto que surge entre dos ideas de mundo: la europea, en su afán de conquistar una tierra que hasta entonces desconocía, y la americana, esa tierra invadida y sojuzgada que aquellos quieren conquistar. La obra se ubica en un territorio que algunas interpretaciones consideran mítico, que la mayoría ubica en alguna isla del Caribe, en el “Nuevo Mundo”. Esta localización convierte a esta obra como la única que se desarrolla en América, trasladando intrigas monárquicas al nuevo territorio y pensando a Europa sin contradicciones a la hora de tener que vencer a lo que considera primitivo.

El planteo es el siguiente: Próspero, duque de Milán, expulsado por su hermano, vive con su hija Miranda en una isla desierta tras naufragar. La obra comienza con una fuerte tormenta –una tempestad–, desatada por Ariel (un espíritu al servicio de Próspero), cuando adivina que su hermano Antonio viaja a su encuentro. Próspero se dedica al conocimiento de la magia para organizar su venganza. Tiene un esclavo, hijo de una bruja, oriundo del lugar que es considerado salvaje y deformado, llamado Caliban (“Carib(be)an", por Caribe, pero también por el posible significado implícito de "caníbal"). En el final, Próspero renuncia a la magia, perdona a sus enemigos y permite el matrimonio entre Miranda y Fernando. Este acto redime como un ejercicio de sanación, una búsqueda de paz, sin conflicto. Final feliz para todos, inclusive para Ariel pero no para Calibán –el rebelde–, razón por la cual su historia se logra prolongar en otras obras, como la de Ernest Renan en Calibán, continuación de La tempestad y El agua de la juventud. Continuación de Calibán y tenga la posibilidad de recomenzar, de desplegar en ese personaje, la relación entre Europa y América en otros planos.

Shakespeare expone con Calibán y Ariel dos visiones de lo americano aparentemente opuestas –el sumiso y el sublevado– que permite que, a principios del siglo XX, intelectuales latinoamericanos retomen los personajes para pensar la conformación de una identidad o de una entidad latinoamericana que cuestione, cree o destruya los modelos europeos que de aquellos personajes emanan. Entre estas revisiones se encuentran ensayistas como Juan Rodó, Roberto Fernández Retamar, escritores de la talla de Rubén Darío, José Martí y dramaturgos como Aimé Césaire, entre otros. Siguiendo el camino de la descolonización, otros pensadores americanos dan vuelta el signo “caníbal” que significa Calibán y utilizan ese tropo como una retórica emancipadora. Por nombrar algunos, José Martí usa las imágenes del canibalismo, el sacrificio y el consumo del cuerpo contra los administradores coloniales en Cuba. Esa misma ruta recorre el Manifiesto Antropófago, de Oswald de Andrade, posición cúspide que ubica a la antropofagia como un dispositivo cultural propio de América Latina: “Solo la antropofagia nos une: Socialmente, económicamente, filosóficamente”. Por su parte, la literatura feminista también construye su estela deshaciendo el personaje Miranda como instrumento de la colononizaión y objeto de transacción política y comercial. 

William Shakespeare logra una obra que trasciende su tiempo y se revela una vez más como un potente historiador de la eternidad. 



2. El zoo de cristal, de Tennessee Williams. Losada, Buenos Aires, 1993

Link al catálogo BCN: https://consulta.bcn.gob.ar/bcn/catalogo.verRegistro?co=555496&fs=32

El zoo de cristal es una de las obras maestras de Tennesse Williams. El retrato social de una familia sureña de Norteamérica, del siglo pasado, capitaneada por los deseos de la madre. Una figura materna insegura y cuya obsesión es el futuro sentimental de su hija, termina provocando una reflexión sobre el abismo existente entre el mundo que se quiere ver y la realidad. La madre, Amanda, obsesionada con salir de la pobreza y sacar adelante a su hija Laura, una joven cuya leve discapacidad la ha transformado en un ser patológicamente inseguro, volcada exclusivamente al cuidado de sus figurillas de cristal. El hijo Tom, un joven ambicioso que se debate entre el deber de cuidar a su familia y el íntimo deseo de salir al mundo. El último personaje es Jim, un candidato de Laura, de convencional buena apariencia y que a simple vista representa todo lo que la familia ha deseado. A su vez, impacta la figura del padre ausente, que está en boca de los personajes, y cuya fotografía se destaca en momentos claves de la obra.

El relato aparece en la boca de Tom, quien es el vínculo directo entre la familia Wingfield y los espectadores. A través de sus palabras, el público conoce los pormenores y entretelones de estos personajes, exponentes de la búsqueda frustrada del sueño americano. 

El zoo de cristal se destaca como una obra del realismo norteamericano, que trascendió la mera ilustración de las condiciones particulares de una familia disfuncional. Se trata de una pieza atravesada por las condiciones históricas de un Estados Unidos en plena reconversión luego de la crisis de 1929.

En la obra, la sensación amenazante de quedarse fuera de un mundo que está experimentando profundos cambios, aqueja en distintos grados a todos los personajes. Quizás por ello, la obra se convirtió en un verdadero éxito de la segunda posguerra, ganando el prestigioso premio del Círculo de Críticos Teatrales de Nueva York, siendo luego llevada a sus distintas versiones cinematográficas. The Glass Menagerie fue estrenada en 1944 en Chicago, y en Broadway en marzo de 1945, y llevada al cine en 1950 y en 1987, dirigida por Paul Newman.



3. Stefano, de Armando Discépolo. Buenos Aires, Galerna, 2012

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Estrenada el 26 de abril de 1928 por la compañía Luis Arata, en el Teatro Cómico de Buenos Aires. De género grotesco, cuenta la historia de un músico que ha corrido tras sus ilusiones, como quien corre tras una mariposa, desea ser reconocido, ser un gran músico como Verdi. Involucrando a toda su familia en su proyecto, mientras su padre junto a sus hermanos mayores trabajan la tierra napolitana (los olivares; la viña; los animales), mantienen la casa y se dedican a los oficios religiosos, él siente que tiene una cosa apresada en el "ánima", algo más que le explota en el pecho y se ahoga en ese medio rural. Stefano, el predilecto de la mamma, consigue estudiar en el conservatorio de música, gana una medalla de oro y se viene a Argentina a probar suerte; una vez instalado decide escribir una ópera, esa fenomenal ópera que lo llevará a la popularidad, esa mariposa de ilusiones enmarañadas donde se mezclan el deseo del ser, la necesidad de reconocimiento y la posibilidad de ser un hombre rico. En el "novecento" manda a llamar a sus padres, les dice que no puede vivir sin ellos, en un amor descomunal se suma a sus deseos devolverles cada favor que le hicieron, entusiasmado con la ilusión, una vez más, de ser, esta vez, el director de un teatro. Se casa con Margarita, una argentina. Para desilusión de toda su familia, "una argentina troppo bella para que la vita sea una ilusione", esto es lo que le reprocha Alfonso, su padre, afirmando que la vida no es una ilusión, en todo caso es una ilusión para los locos, el hombre puede ser feliz materialmente, como eran felices en Italia donde no les faltaba nada. Y ahora "yendo atrás de la mariposa", después de veinte años, Stefano es más pobre que una rata, lleno de hijos que tienen que comer y están todos “rotosos”, y a la mariposa no la alcanza.

Margarita, esa mujer tan bella, es ahora una hembra muda, presurosa, dominada por la fuerza de la impotencia de un futuro prometedor que llegó mal fraguado, explota cuando Stefano le da la trágica noticia: ha perdido el puesto en la orquesta. Ese puesto imprescindible se lo ha sacado Pastore, su discípulo, quien le debe todo. 

En la Buenos Aires de los años 20, donde moran los conventillos atestados de inmigrantes, Stefano es una obra que habla de la postergación, la transmisión familiar, el suplicio, la gratitud, el orgullo, la pobreza, el intento de proyectarse en un mundo nuevo y prometedor, donde el personaje principal, atravesando su propia tragedia, termina componiendo junto a su familia una excelente partitura de reproches, dolor, quejas y desgarros de sufrimiento, que harán de esto su mejor obra. 

Obra de teatro recomendada para mayores de 16 años.



4. Casa de muñecas, de Henrik Ibsen. Barcelona, Mestas Ediciones, 2016

A mediados del siglo XIX, Henrik Ibsen –dramaturgo noruego– abre una puerta hacia la dramaturgia moderna. Es en Alemania, en el año 1879, donde escribe y estrena Casa de muñecas. Sus críticas fueron diversas y de mucha confrontación, fundamentalmente porque Nora –esposa y madre de dos niños pequeños– abandona al final de la obra su casa, comportamiento opuesto a las costumbres religiosas y morales de su tiempo.

La obra –escrita en tres actos– nos muestra a la familia Helmer transitando una felicidad hogareña en un momento de expansión económica. Torvaldo Helmer, esposo de Nora, con un gran sentido del deber y preocupado en demasía por las apariencias, acaba de ser ascendido en su trabajo. Nora, diferente a su marido, es presentada desde distintas facetas: frívolamente femenina, alegre, frágil, sumisa, indefensa a cualquier circunstancia adversa y, por otro lado, ante un obstáculo que mostrará su pasado, no dudará en sostener sus ideales. Sabe guardar un secreto, sostener una cadena de mentiras para salvar a su esposo enfermo por lo cual debe endeudarse con una alta suma de dinero. Durante ocho años se sacrificá por el honor y bienestar de su familia. 

Al ver que una sociedad dominada por el patriarcado no puede entender su independencia para tomar decisiones, defiende su libertad y abandona su casa. Dejará de ser la muñeca que su marido muestra en sociedad para ejercer una libertad que la asusta pero que decide transitar. Al rechazar el lugar que le es asignado por ser mujer, deja atrás el matrimonio y la maternidad como única meta para entrar y recorrer otro modo del género femenino. Puede poner en el discurso lo que ella misma desconocía de sí: “Nunca me quisiste, te resultaba divertido encapricharte por mí, nada más que eso”, para más adelante afirmar “Viví de hacer piruetas para divertirte Torvaldo, vos y mi papá… cometí un gran error conmigo, son culpables de que yo no sea nada… he sido una muñeca grande en esta casa, como fui una muñeca chica en casa de papá y mis hijos sean mis muñecos”.

En la brusca transformación de Nora, hacia el final de la pieza, se puede ver una tensión exagerada en el discurso y el accionar de la protagonista, como si la ideología de Ibsen trascendiera el personaje. Pero vale para su nueva identidad y guía del feminismo. Arriesga todo para “averiguar quién tiene razón, si la sociedad o yo”. Ser más allá del rol de esposa y madre. Así se lo hace saber a Torvaldo al final de la obra: “Tengo otros deberes para conmigo, soy una mujer, con los mismos derechos que los hombres. Debo intentarlo”.



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